Review of The Origins of the Second World War | Murray N. Rothbard

[From a memo to Mr. Kenneth Templeton at the William Volker Fund, April 18, 1962.]

It is not often that one is privileged to review a book of monumental import, a truly significant “breakthrough” from obscuran­tism to historical knowledge and insight. But such a book is the magnificent work by A.J .P. Taylor, The Origins of the Second World War (London: Hamish Hamilton, 1961 — now New York: Athenaeum, 1962).

As Taylor points out and explains at the beginn­ing of this book, Revisionism of World War II, in every country of the world, has been virtually non-existent. In the United States Pearl Harbor revisionism has progressed a long way, and built up a successful body of historical literature, so that its opponents have had to beat one retreat after another.

But, in vivid contrast to the situation after World War I, the origins of the ”1939 war in Europe have been a locked door,” and the historical profession, as well as all the general public and official opinion, in all the countries involved, have clung grimly and tenaciously to almost the same views that were held at the height of the­ conflict itself.

While there has been a substantial shift in the wartime view that all Germany is and was forever guilty of war there has been no shift in the wartime view of Hitler and his Administration, and of the supposedly sole guilt which they incurred. The extent of the stifling atmosphere is indicated by the automatic disreputability, the shock, and shame, which any deviation from this propaganda line incurs if expressed verbally or in print.

Any raising of the semblance of a doubt over the official line that (a) Hitler was bent on conquering the world, and (b) the only way to meet the situation was to take a “firm” line and stop him, is to incur the automatic charge of being “pro-Hitler” or “pro-Nazi.” In the same way, the “historical blackout” operates today in the Cold War; any intimation that the Soviet is not solely responsible for the Cold War is met with the charge of being “pro-Communist” or “soft on Communism.”

All this is immeasurably aided by the old propaganda trick of identifying a State’s domestic with its foreign policy; paint a government’s domestic policy as wicked enough (e.g., Hitler, Communism), and the ignorant and the superficial will automatically agree that this wicked government must be guilty, and uniquely guilty, of any wars or threats of war that might arise, and that conversely the “good” United States (or Britain or France) will be uniquely innocent and virtuous.

In the United States, even Pearl Harbor revisionism could only fight its way against heavy and oppressive odds, and its champions could be written off by the Establishment as either “mere journalists” (Morgenstern, Chamberlin) or as former isolationists and opponents of U.S. entry into the war (Barnes, Tansill, et al.) — although this was hardly a disqualification for the most enthusiastic praise lavished on such renegade ex-isolationists as Langer, Commager, et al. And, Pearl Harbor revisionism has faced no difficulties compared to revisionism on Hitler and Germany — for the wartime emotionalism whipped up here and abroad against Japan was as nothing compared to the frenzy whipped up against Germany and against Hitler. Here the blackout war-born propaganda frenzy has been virtually total. Continue reading “Review of The Origins of the Second World War | Murray N. Rothbard”

Reseña de Los orígenes de la Segunda Guerra Mundial | Murray N. Rothbard

[De una nota al Sr. Kenneth Templeton en el William Volker Fund, 18 de Abril de 1962.  For the English language version, click here].

No es frecuente que uno tenga el privilegio de revisar un libro de importancia monumental, un “avance” verdaderamente significativo desde el oscurantismo hasta el conocimiento y la percepción histórica. Pero tal libro es el magnífico trabajo de A. J. P. Taylor, Los orígenes de la Segunda Guerra Mundial (Londres: Hamish Hamilton, 1961 – ahora Nueva York: Athenaeum, 1962). Como Taylor señala y explica al comienzo de este libro, el revisionismo de la Segunda Guerra Mundial, en todos los países del mundo, ha sido prácticamente inexistente. En los Estados Unidos, el revisionismo de Pearl Harbor ha progresado un largo camino y acumuló un cuerpo exitoso de literatura histórica, de modo que sus oponentes tuvieron que vencer una retirada tras otra. Pero, en vívido contraste con la situación posterior a la Primera Guerra Mundial, los orígenes de la “guerra de 1939 en Europa han sido una puerta cerrada” y la profesión histórica, así como toda la opinión pública y oficial en general, en todos los países involucrados, se han aferrado con severidad y tenacidad a casi los mismos puntos de vista que se mantuvieron en el momento álgido del conflicto. Aunque ha habido un cambio sustancial en la visión de la guerra de que toda Alemania es y siempre fue culpable de guerra, no ha habido cambio en el punto de vista de guerra de Hitler y su Administración y de la culpabilidad supuestamente única en la que incurrieron. La magnitud de la atmósfera sofocante está indicada por la falta de credibilidad automática, la conmoción y la vergüenza, que cualquier desviación de esta línea de propaganda incurre si se expresa verbalmente o impreso. Todo aumento de la apariencia de una duda sobre la línea oficial de que (a) Hitler estaba empeñado en conquistar el mundo y (b) la única forma de enfrentar la situación era tomar una línea “firme” y detenerlo, es incurrir automáticamente en la acusación de ser “pro-Hitler” o “pro-nazi”. De la misma manera, la “laguna histórica” opera hoy en la Guerra Fría; cualquier indicio de que el Soviet no es el único responsable de la Guerra Fría se enfrenta con el cargo de ser “procomunista” o “blando con el comunismo”. Todo esto es inmensamente ayudado por el viejo truco propagandístico de identificar la política interna de un Estado con su política exterior; pintar la política interna de un gobierno como lo suficientemente perversa (por ejemplo, Hitler, el comunismo) y los ignorantes y superficiales automáticamente aceptarán que este malvado gobierno debe ser culpable y únicamente culpable, de cualquier guerra o amenaza de guerra que pueda surgir y que por el contrario, los “buenos” Estados Unidos (o Gran Bretaña o Francia) serán excepcionalmente inocentes y virtuosos. En los Estados Unidos, incluso el revisionismo de Pearl Harbor solo podía luchar contra las pesadas y opresivas probabilidades y sus defensores podrían ser eliminados por el establishment como “meros periodistas” (Morgenstern, Chamberlin) o como antiguos aislacionistas y opositores de la entrada de Estados Unidos en la guerra (Barnes, Tansill , et al.) — aunque esto no fue una descalificación para el elogio más entusiasta prodigado a los ex aislacionistas renegados como Langer, Commager, et al. Y, el revisionismo de Pearl Harbor no ha enfrentado dificultades en comparación con el revisionismo de Hitler y Alemania — por el emocionalismo de guerra azotado aquí y en el extranjero contra Japón no fue nada comparado con el frenesí que se libró contra Alemania y contra Hitler. Aquí la laguna del frenesí propagandístico nacido de la guerra ha sido prácticamente total. Continue reading “Reseña de Los orígenes de la Segunda Guerra Mundial | Murray N. Rothbard”